—?Y a donde fue?
[5] —Al Casino, si, senora, al Casino—repuso
la otra turbandose
ligeramente.—Despues
volvio a su casa. iAy!
cuanto me reprendio
mi tio por haber estado hasta muy
tarde ocupada en este
espionaje... pero no lo puedo
remediar... iJesus divino,
amparame! No lo puedo
remediar, y mirando
a una persona como usted en trances 10
tan peligrosos, me vuelvo
loca... Nada, nada, senora,
estoy viendo que a lo
mejor esos tunantes asaltan la casa y
nos llevan a Rosarito....
Dona Perfecta, pues
era ella, fijando la vista en el suelo,
[15] medito largo rato. Estaba palida y cenuda.
Por fin
exclamo:
—Pues no veo el modo de impedirlo.
—Yo si lo
veo—dijo vivamente la otra, que era la
sobrina del Penitenciario
y madre de Jacinto.—Veo un
[20] medio muy sencillo, el que he manifestado a usted
y no le
gusta. iAh! senora mia,
usted es demasiado buena. En
ocasiones como esta
conviene ser un poco menos perfecta
... dejar a un ladito
los escrupulos. Pues que, ?se va a
ofender Dios por eso?
[25] —Maria Remedios—dijo la
senora con altaneria,—no
digas desatinos.
—iDesatinos!...
Usted, con sus sabidurias, no podra
ponerle las peras a
cuarto al sobrinejo. ?Que cosa mas
sencilla que la que
yo propongo? Puesto que ahora no hay
[30] justicia que nos ampare, hagamos nosotros la
gran justiciada.
?No hay en casa de usted
hombres que sirvan para
cualquier cosa?
Pues llamarles y decirles: “Mira, Caballuco,
Pasolargo o quien sea,
esta misma noche te tapujas
bien, de modo que no
seas conocido; llevas contigo a un
amiguito de confianza,
y te pones detras de la esquina de la 178
calle de Santa Faz.
Aguardais un rato, y cuando D. Jose
Rey pase por la calle
de la Triperia para ir al Casino, porque
de seguro ira al Casino,
?entendeis bien? cuando pase
[5] le salis al encuentro y le dais un susto"...
—Maria Remedios,
no seas tonta—indico con magistral
dignidad la senora.
—Nada mas
que un susto, senora: atienda usted bien
a lo que digo, un susto.
Pues que, ?habia yo de aconsejar
[10] un crimen?... iJesus, Padre y Redentor mio!
Solo la
idea me llena de horror,
y parece que veo senales de sangre
y fuego delante de mis
ojos. Nada de eso, senora mia...
Un susto, y nada mas
que un susto, por lo cual comprenda
ese bergante que estamos
bien defendidas. El va solo al
[15] Casino, senora, enteramente solo, y alli se junta
con sus
amigotes, los del sable
y morrioncete. Figurese usted que
recibe el susto y que
ademas le quedan algunos huesos quebrantados,
sin nada de heridas
graves se entiende...
pues en tal caso, o
se acobarda y huye de Orbajosa, o se
[20] tiene que meter en la cama por quince dias.
Eso si, hay
que recomendarles que
el susto sea bueno. Nada de matar
... cuidadito con eso,
pero sentar bien la mano.


