epicureo y sibarita junto con el tierno Virgilio, en cuyos
versos se ve palpitar y derretirse el corazon de la inflamada
Dido; Ovidio el narigudo, tan sublime como obsceno y
adulador, junto con Marcial, el tunante lenguaraz y
[20] conceptista; Tibulo el apasionado con Ciceron el grande; el severo
Tito Livio con el terrible Tacito, verdugo de los Cesares;
Lucrecio el panteista; Juvenal, que con la pluma desollaba;
Plauto, el que imagino las mejores comedias de la
antigueedad dando vueltas a la rueda de un molino; Seneca el
[25] filosofo, de quien se dijo que el mejor acto de su vida fue la
muerte; Quintiliano el retorico; Salustio el picaro, que tan
bien habla de la virtud; ambos Plinios, Suetonio y Varron,
en una palabra, todas las letras latinas, desde que
balbucieron su primera palabra con Livio Andronico, hasta que
[30] exhalaron su postrer suspiro con Rutilio.
Pero haciendo esta inutil,
aunque rapida enumeracion, no 176
hemos observado que
dos mujeres han entrado en el cuarto.
Es muy temprano, pero
en Orbajosa se madruga mucho.
Los pajaritos cantan
que se las pelan en sus jaulas; tocan
[5] a misa las campanas de las iglesias, y hacen
sonar sus
alegres esquilas las
cabras que van a dejarse ordenar a las
puertas de las casas.
Las dos senoras que
vemos en la habitacion descrita
vienen de oir misa.
Visten de negro, y cada cual trae en
[10] la mano derecha su librito de devocion y el rosario
envuelto
en los dedos.
—Tu tio no
puede tardar ya—dijo una de ellas,—le
dejamos empezando la
misa; pero el despacha pronto, y a
estas horas estara en
la sacristia quitandose la casulla. Yo
[15] me hubiera quedado a oirle la misa, pero hoy
es dia de
mucha fatiga para mi.
—Yo no he
oido hoy mas que la del senor magistral—dijo
la otra;—la
del senor magistral que las dice en un
suspiro, y creo que
no me ha sido de provecho, porque
[20] estaba muy preocupada, sin poder apartar el entendimiento
de estas cosas terribles
que nos pasan.
—iComo ha
de ser!... Es preciso tener paciencia...
Veremos lo que nos aconseja
tu tio.
—iAy!—exclamo la segunda exhalando un hondo y [25] patetico suspiro.—Yo tengo la sangre abrasada.
—Dios nos amparara.
—iPensar
que una persona como usted, una senora como
usted se ve amenazada
por un!... Y el sigue en sus
trece... Anoche,
senora dona Perfecta, conforme usted
[30] me lo mando, volvi a la posada de la viuda del
Cuzco, y he
pedido nuevos informes.
El don Pepito y el brigadier
Batalla estan siempre
juntos conferenciando... iay Jesus,
Dios y Senor mio!...
conferenciando sobre sus infernales
planes y despachando
botellas de vino. Son dos perdidos,
dos borrachos.
Sin duda discurren alguna maldad muy 177
grande. Como me
intereso tanto por usted, anoche, estando
yo en la posada, vi
salir al D. Pepito y le segui....


