Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     grandes linternas de convexos cristales.  Aquel fulgor y la
[5] imponente figura del animal le infundian miedo.  El tio
     Licurgo y los otros tres se le presentaban como figuritas
     grotescas.  Ella habia visto, en alguna parte, sin duda en
     los munecos de barro de las ferias, aquel reir estupido,
     aquellos semblantes toscos y aquel mirar lelo.  El dragon
[10] agitaba sus brazos, que en vez de accionar, daban vueltas
     como aspas de molino, y revolvia los globos verdes, tan
     semejantes a los fanales de una farmacia, de un lado para
     otro.  Su mirar cegaba....  La conversacion parecia
     interesante.  El Penitenciario agitaba las alas.  Era una
[15] presumida avecilla que queria volar y no podia.  Su pico se
     alargaba y se retorcia.  Erizabansele las plumas con
     sintomas de furor, y despues, recogiendose y aplacandose,
     escondia la pelada cabeza bajo el ala.  Luego las figurillas de
     barro se agitaban queriendo ser personas, y Frasquito
[20] Gonzalez se empenaba en pasar por hombre.

     Rosario sentia un pavor inexplicable en presencia de
     aquel amistoso concurso.  Alejabase de la vidriera y seguia
     adelante paso a paso, mirando a todos lados por ver si era
     observada.  Sin ver a nadie, creia que un millon de ojos se
[25] fijaban en ella....  Pero sus temores y su vergueenza
     disipabanse de improviso.  En la ventana del cuarto donde
     habitaba el Sr.  Pinzon aparecia un hombre azul; brillaban
     en su cuerpo los botones como sartas de lucecillas.  Ella se
     acercaba.  En el mismo instante sentia que unos brazos
[30] con galones la suspendian como una pluma, metiendola con
     rapido movimiento dentro de la pieza.  Todo cambiaba. 
     De subito sono un estampido, un golpe seco que estremecio
     la casa en sus cimientos.  Ni uno ni otro supieron la causa
     de tal estrepito.  Temblaban y callaban.

Era el momento en que el dragon habia roto la mesa del 175
comedor.

XXV

=Sucesos imprevistos.—­Pasajero desconcierto=

La escena cambia.  Ved una estancia hermosa, clara,
humilde, alegre, comoda y de un aseo sorprendente.  Fina
[5] estera de junco cubre el piso, y las blancas paredes se
adornan con hermosas estampas de santos y algunas esculturas
de dudoso valor artistico.  La antigua caoba de los muebles
brilla lustrada por los frotamientos del sabado, y el altar,
donde una pomposa Virgen, de azul y plata vestida, recibe
[10] domestico culto, se cubre de mil graciosas chucherias, mitad
sacras, mitad profanas.  Hay ademas cuadritos de
mostacilla, pilas de agua bendita, una relojera con Agnus Dei,
una rizada palma de Domingo de Ramos y no pocos floreros
de inodoras flores de trapo.  Enorme estante de roble contiene
[15] una rica y escogida biblioteca, y alli esta Horacio

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