—iQue poderoso brio!—dijo D. Inocencio.
—Vaya que tienes unos punos....
[5] Todos contemplaban la mesa que se habia partido
en dos
pedazos.
Fijaban luego los ojos
en el nunca bastante admirado
Renialdos o Caballuco.
Indudablemente habia en su
semblante hermoso, en
sus ojos verdes, animados por extrano
[10] resplandor felino, en su negra cabellera, en
su cuerpo
herculeo, cierta expresion
y aire de grandeza, un resabio o mas
bien recuerdo de las
grandes razas que dominaron al mundo.
Pero su aspecto general
era el de una degeneracion
lastimosa, y costaba
trabajo encontrar la filiacion noble y
[15] heroica en la brutalidad presente. Se parecia
a los grandes
hombres de D. Cayetano,
como se parece el mulo al caballo.
XXIII
=Misterio=
Despues de lo que hemos referido,
duro mucho la
conferencia; pero omitimos lo restante por no
ser indispensable
para la buena inteligencia de esta relacion.
Retiraronse al
[20] fin, quedando para lo ultimo, como de costumbre,
el Sr. D.
Inocencio. No habian tenido tiempo aun la
senora y el
canonigo para cambiar dos palabras, cuando entro
en el
comedor una criada de edad y mucha confianza,
que era
el brazo derecho de dona Perfecta, y como esta
la viera
[25] inquieta y turbada, llenose tambien de turbacion,
sospechando
que algo malo en la casa ocurria.
—No encuentro
a la senorita por ninguna parte—dijo
la criada, respondiendo
a las preguntas de la senora.
—iJesus! iRosario!... ?donde esta mi hija?
—iValgame
la Virgen del Socorro!—grito el
169
Penitenciario, tomando
el sombrero y disponiendose a correr tras
la senora.
—Buscadla bien.... ?Pero no estaba contigo en su [5] cuarto?
—Si, senora—repuso
temblando la criada vieja;—pero
el demonio me tento
y me quede dormida.
—iMaldito
sea tu sueno!... iJesus mio!... ?que
es esto? iRosario, Rosario....
Librada!
[10] Subieron, bajaron, tornaron a bajar y a subir,
llevando
luz y registrando todas
las piezas. Por ultimo oyose la voz
del Penitenciario en
la escalera, que decia con jubilo:
—Aqui esta, aqui esta. Ya parecio.
Un instante despues madre e hija se encontraban la una [15] frente a la otra en la galeria.
—?Donde estabas?—pregunto
con severo acento dona
Perfecta, examinando
el rostro de su hija.
—En la huerta—repuso la nina mas muerta que viva.
—?En la huerta a estas horas? iRosario!...
[20] —Tenia calor, me asome a la ventana,
se me cayo el
panuelo y baje a buscarlo.
—?Por que no
dijiste a Librada que te lo alcanzase?...
iLibrada!... ?Donde
esta esa muchacha? ?Se ha
dormido tambien?


