Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[25] Librada aparecio al fin.  Su semblante palido indicaba
     la consternacion y el recelo del delincuente.

     —?Que es esto? ?Donde estabas?—­pregunto con
     terrible enojo la dama.

—­Pues, senora... baje a buscar la ropa que esta en [30] el cuarto de la calle... y me quede dormida.

     —­Todas duermen aqui esta noche.  Me parece que alguna
     no dormira en mi casa manana.  Rosario, puedes retirarte.

     Comprendiendo que era indispensable proceder con
     prontitud y energia, la senora y el canonigo emprendieron sin
     tardanza sus investigaciones.  Preguntas, amenazas, ruegos, 170
     promesas, fueron empleadas con habilidad suma para
     inquirir la verdad de lo acontecido.  No resulto ni sombra de
     culpabilidad en la criada anciana; pero Librada confeso de
[5] plano entre lloros y suspiros todas sus bellaquerias, que
     sintetizaremos del modo siguiente: 

     Poco despues de alojarse en la casa, el senor Pinzon
     empezo a hacer cocos a la senorita Rosario.  Dio dinero a
     Librada, segun esta dice, para tenerla por mensajera de
[10] recados y amorosas esquelas.  La senorita no se mostro
     enojada, sino antes bien gozosa, y pasaron algunos dias de
     esta manera.  Por ultimo, la sirvienta declara que aquella
     noche Rosario y el Sr.  Pinzon habian concertado verse y
     hablarse en la ventana de la habitacion de este ultimo, que
[15] da a la huerta.  Confiaron su pensamiento a la doncella,
     quien ofrecio protegerlo mediante una cantidad que se le
     entregara en el acto.  Segun lo convenido, el Pinzon debia
     salir de la casa a la hora de costumbre y volver ocultamente
     a las nueve, y entrar en su cuarto, del cual y de la casa
[20] saldria tambien clandestinamente mas tarde, para volver sin
     tapujos a la hora avanzada de costumbre.  De este modo
     no podria sospecharse de el.  La Librada aguardo al
     Pinzon, el cual entro muy envuelto en su capote sin hablar
     palabra.  Metiose en su cuarto a punto que la senorita
[25] bajaba a la huerta.  La Librada, mientras duro la entrevista,
     que no presencio, estuvo de centinela en la galeria
     para avisar a Pinzon cualquier peligro que ocurriese; y al
     cabo de una hora salio este como antes, muy bien cubierto
     con su capote y sin hablar una palabra.  Concluida la
[30] confesion, D. Inocencio pregunto a la desdichada: 

     —?Estas segura de que el que entro y salio era el Sr. 
     Pinzon?

     La reo no contesto nada, y sus facciones indicaban gran
     perplejidad.

     La senora se puso verde de ira. 171

     —?Tu le viste la cara?

     —?Pero quien podria ser sino el?—­repuso la doncella.—­Yo
     tengo la seguridad de que era el.  Fue derecho a su
[5] cuarto... conocia muy bien el camino.

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