—iMorir!
[10] —Que me maten esos perros tunantes,
y digo que me
maten, porque yo no
puedo descuartizarlos a ellos. Soy
muy chico.
—Ramos, eres grande—dijo solemnemente la senora.
—?Grande, grande?...
Grandisimo por el corazon;
[15] pero ?tengo yo plazas fuertes, tengo caballeria,
tengo
artilleria?
—Esa es una
cosa, Ramos—dijo dona Perfecta
sonriendo,—de
que yo no me ocuparia. ?No tiene el enemigo
lo que a ti te hace
falta?
[20] —Si.
—Pues quitaselo....
—Se lo quitaremos,
si, senora. Cuando digo que se lo
quitaremos....
[25] —Querido Ramos—exclamo
D. Inocencio.—Envidiable
posicion es la de usted....
iDestacarse, elevarse sobre
la vil muchedumbre,
ponerse al igual de los mayores heroes
del mundo... poder decir
que la mano de Dios guia su
mano.... iOh, que grandeza
y honor! Amigo mio, no
es lisonja. iQue apostura,
que gentileza, que gallardia!...
[30] No; hombres de tal temple no pueden morir.
El Senor
va con ellos y la bala
y hierro enemigos detienense...
no se atreven... ?que
se han de atrever viniendo de
canon y de manos de
herejes?... Querido Caballuco, al
ver a usted, al ver
su bizarria y caballerosidad, vienen a mi
memoria, sin poderlo
remediar, los versos de aquel romance 167
de la conquista del
imperio de Trapisonda:
Llego el valiente Roldan
de todas armas armado,
[5] en el fuerte Briador,
su poderoso caballo,
y la fuerte Durlindana
muy bien cenida a su
lado,
la lanza como una entena,
[10] el fuerte escudo embrazado....
Por la visera del yelmo
fuego venia lanzando;
retemblando con la lanza
como un junco muy delgado,
[15] y a toda la hueste junta
fieramente amenazando.
—Muy bien—exclamo
Licurgo batiendo palmas.—Y yo
digo como D. Renialdos:
iNadie en don Renialdos
toque
[20] si quiere ser bien librado!
Quien otra cosa quisiere
el sera tan bien pagado,
que todo el resto del
mundo
no se escape de mi mano
[25] sin quedar pedazos hecho
o muy bien escarmentado.
—Ramos, tu
querras cenar; tu querras tomar algo, ?no
es verdad?—dijo
la senora.
—Nada, nada—repuso el Centauro,—denme si acaso [30] un plato de polvora.
Diciendo esto, solto estrepitosa carcajada, dio varios paseos por la habitacion, observado atentamente por todos, y deteniendose junto al grupo, fijo los ojos en dona Perfecta, y con atronadora voz profirio estas palabras:
[35] —Digo que no hay mas que decir. iViva
Orbajosa,
muera Madrid!
Descargo la mano sobre
la mesa, con tal fuerza que 168
retemblo el piso de
la casa.


