—Pero la
caridad—manifesto D. Inocencio con cierta
energia,—no
nos impide precavernos contra los malos; y
[30] de eso se trata. Ya que han decaido tanto
los caracteres
y el valor en la desdichada
Orbajosa; ya que este pueblo
parece dispuesto a poner
la cara para que escupan en ella
cuatro soldados y un
cabo, busquemos alguna defensa
uniendonos.
—Yo me defendere
como pueda—dijo con resignacion
156
y cruzando las manos
dona Perfecta.—iHagase la
voluntad del Senor!
—Tanto ruido
para nada.... iPor vida de!... iEn
[5] esta casa son de la piel del miedo!...—exclamo
Caballuco, entre serio
y festivo.—No parece sino que el tal D.
Pepito es una region
(lease legion) de demonios. No se
asuste usted, senora
mia. Mi sobrinillo Juan, que tiene
trece anos, guardara
la casa, y veremos, sobrino por sobrino,
[10] quien puede mas.
—Ya sabemos todos lo que significan tus guapezas y valentias—replico la dama.—iPobre Ramos, quieres echartela de bravucon cuando ya se ha visto que no vales para nada!
[15] Ramos palidecio ligeramente, fijando en la senora
una
mirada singular en que
se confundian el espanto y el respeto.
—Si, hombre,
no me mires asi. Ya sabes que no me
asusto de fantasmones.
?Quieres que te hable de una vez
con claridad? Pues
eres un cobarde.
[20] Ramos, moviendose como el que tiene por diversas
partes
de su cuerpo molestas
picazones, demostraba gran
desasosiego. Su
nariz expelia y recogia el aire como la de un
caballo. Dentro
de aquel corpachon combatia consigo
misma por echarse fuera
rugiendo y destrozando, una
[25] tormenta, una pasion, una barbaridad. Despues
de modular
a medias algunas palabras,
mascando otras, levantose y
bramo de esta manera:
—iLe cortare la cabeza al Sr. Rey!
—iQue desatino!
Eres tan bruto como cobarde—dijo
[30] palideciendo la senora.—?Que hablas ahi
de matar, si yo
no quiero que maten
a nadie, y mucho menos a mi sobrino,
persona a quien amo
a pesar de sus maldades?
—iEl homicidio!
iQue atrocidad!—exclamo el Sr. D.
Inocencio escandalizado.—Ese
hombre esta loco.
—iMatar!...
La idea tan solo de un homicidio me 157
horroriza, Caballuco—dijo
la senora cerrando los dulces
ojos.—iPobre
hombre! Desde que has querido mostrar
valentia, has aullado
como un lobo carnicero. Vete de
[5] aqui, Ramos; me causas espanto.
—?No dice la
senora que tiene miedo? ?No dice que
atropellaran la casa,
que robaran a la nina?
—Si, lo temo.
—Y eso lo
ha de hacer un solo hombre—dijo Ramos
[10] con desprecio volviendo a sentarse.—Eso
lo ha de hacer
D. Pepe Poquita Cosa
con sus matematicas. Hice mal en
decir que le rebanaria
el pescuezo. A un muneco de ese
estambre, se le coge
de una oreja y se le echa de remojo en
el rio.


