—Senor Vejarruco,
Sr. Pasolargo—continuo la senora,
[10] sin mirar al bravo de la localidad;—no
estoy segura en mi
casa. Ningun vecino
de Orbajosa lo esta, y menos yo.
Vivo con el alma en
un hilo. No puedo pegar los ojos en
toda la noche.
—Pero ?quien, quien se atrevera?...
[15] —Vamos—exclamo Licurgo
con ardor,—que yo, viejo
y enfermo, sere capaz
de batirme con todo el ejercito
espanol si tocan el
pelo de la ropa a la senora....
—Con el Sr.
Caballuco—dijo Frasquito Gonzalez,—basta
y sobra.
[20] —iOh! no—repuso dona Perfecta
con cruel sarcasmo.—No
ven ustedes que Ramos
ha dado su palabra al
Gobernador....
Caballuco volvio a sentarse,
y poniendo una pierna sobre
otra, cruzo las manos
sobre ellas.
[25] —Me basta un cobarde—anadio
implacablemente el
ama,—con
tal que no haya dado palabras. Quizas pase
yo por el trance de
ver asaltada mi casa, de ver que me
arrancan de los brazos
a mi querida hija, de verme
atropellada e insultada
del modo mas infame....
[30] No pudo continuar. La voz se ahogo en su
garganta y
rompio a llorar desconsoladamente.
—iSenora, por Dios, calmese usted!... Vamos... no hay motivo todavia....—dijo precipitadamente y con semblante y voz de afliccion suma D. Inocencio.—Tambien es preciso un poquito de resignacion para soportar las 155 calamidades que Dios me envia.
—Pero ?quien...
senora? ?Quien se atrevera a tales
vituperios?—pregunto
uno de los cuatro.—Orbajosa toda
[5] se pondria sobre un pie para defender a la senora.
—Pero ?quien, quien?—repitieron todos.
—Vaya, no
la molesten ustedes con preguntas
importunas—dijo
con oficiosidad el Penitenciario.—Pueden
retirarse.
[10] —No, no, que se queden—manifesto
vivamente la
senora, secando sus
lagrimas.—La compania de mis buenos
servidores es para mi
un gran consuelo.
—Maldita
sea mi casta—dijo el tio Lucas, dandose
un
punetazo en la rodilla,—si
todos estos gatuperios no son
[15] obra del mismisimo sobrino de la senora.
—?Del hijo de D. Juan Rey?
—Desde que
le vi en la estacion de Villahorrenda y me
hablo con su voz melosilla
y sus mimos de hombre cortesano—
manifesto Licurgo,—le
tuve por un grandisimo... no
[20] quiero acabar por respeto a la senora....
Pero yo le
conoci... le senale
desde aquel dia, y yo no me equivoco.
Se muy bien, como dijo
el otro, que por el hilo se saca el
ovillo, por la muestra
se conoce el pano, y por la una el leon.
—No se hable
mal en mi presencia de ese desdichado
[25] joven—dijo la de Polentinos severamente.—Por
grandes
que sean sus faltas,
la caridad nos prohibe hablar de ellas y
darles publicidad.


