Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     Rascose la cabeza, fruncio el adusto ceno, y con lengua
     cada vez mas torpe, prosiguio asi: 

—­Yo sere bruto, pesado, ignorante, querencioso, testarudo [30] y todo lo que quieran; pero a caballero no me gana nadie.

—­Lastima de Cid Campeador—­dijo con el mayor desprecio dona Perfecta.—?No cree usted, como yo, senor Penitenciario, que en Orbajosa no hay ya un solo hombre que tenga vergueenza?

     —­Grave opinion es esa—­repuso el capitular, sin mirar 153
     a su amiga ni apartar de su barba la mano en que apoyaba
     el-meditabundo rostro.—­Pero se me figura que este vecindario
     ha aceptado con excesiva sumision el pesado yugo del
[5] militarismo.

     Licurgo y los tres labradores reian con toda su alma.

     —­Cuando los soldados y las autoridades nuevas—­dijo
     la senora,—­nos hayan llevado el ultimo real, despues de
     deshonrado el pueblo, enviaremos a Madrid, en una urna de
[10] cristal, a todos los valientes de Orbajosa para que los
     pongan en el Museo o les ensenen por las calles.

     —­iViva la senora!—­exclamo con vivo ademan el que
     llamaban Vejarruco.—­Lo que ha dicho es como el oro. 
     No se dira por mi que no hay valientes, pues no estoy con
[15] los Aceros por aquello de que tiene uno tres hijos y mujer
     y puede suceder cualquier estropicio; que si no....

     —?Pero tu no has dado tu palabra al gobernador?—­le
     pregunto la senora.

     —­iAl gobernador!—­exclamo el nombrado Frasquito
[20] Gonzalez.—­No hay en todo el pais tunante que mas merezca
     un tiro.  Gobernador y Gobierno, todos son lo mismo.  El
     cura nos predico el domingo tantas cosas altisonantes sobre
     las herejias y ofensas a la religion que hacen en Madrid....
     iOh! habia que oirle....  Al fin dio muchos gritos en el
[25] pulpito, diciendo que la religion ya no tenia defensores.

     —­Aqui esta el gran Cristobal Ramos—­dijo la senora,
     dando fuerte palmada en el hombro del Centauro.—­Monta
     a caballo; se pasea en la plaza y en el camino real, para
     llamar la atencion de los soldados; venle estos, se espantan
[30] de la fiera catadura del heroe y echan todos a correr
     muertos de miedo.

     La senora termino su frase con una risa exagerada que
     se hacia mas chocante por el profundo silencio de los que
     la oian.  Caballuco estaba palido.

     —­Senor Pasolargo—­continuo la dama, poniendose seria,—­esta 154
     noche, cuando vaya usted a su casa, mandeme aca a
     su hijo Bartolome para que se quede aqui.  Necesito tener
     buena gente en casa; y aun asi, bien podra suceder que el
[5] mejor dia amanezcamos mi hija y yo asesinadas.

     —­iSenora!—­exclamaron todos.

     —­iSenora!—­grito Caballuco levantandose.—?Eso es
     broma o que es?

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