[5] —?Amigo intimo del brigadier?
—Si, senora,
del que manda la brigada que ha venido a
este pais, y que se
ha repartido entre diferentes pueblos.
—?Y donde esta?—pregunto la dama.
—En Orbajosa.
[10] —Creo que se aposenta en casa de Polavieja—indico
Jacinto.
—Su sobrino
de usted—continuo Pinzon,—y el
brigadier Batalla son
intimos amigos, se quieren entranablemente,
y a todas horas se les
ve juntos por las calles del pueblo.
[15] —Pues, amiguito, mala idea formo de
ese senor jefe—repuso
dona Perfecta.
—Es un...
es un infeliz—dijo Pinzon en el tono
propio de quien por
respeto no se atreve a aplicar una
calificacion dura.
[20] —Mejorando lo presente, Sr. Pinzon,
y haciendo una
salvedad honrosisima
en honor de usted—afirmo la senora—no
puede negarse que en
el ejercito espanol hay cada tipo....
—Nuestro
brigadier era un excelente militar antes de
darse al espiritismo....
[25] —iAl espiritismo!
—iEsa secta
que llama a los fantasmas y duendes por
medio de las patas de
las mesas!...—exclamo el
canonigo riendo.
—Por curiosidad,
solo por curiosidad—dijo Jacintillo
[30] con enfasis,—he encargado a Madrid
la obra de Allan
Cardec. Bueno es
enterarse de todo.
—?Pero es posible
que tales disparates?... iJesus!
Digame usted, Pinzon,
?mi sobrino tambien es de esa secta
de pie de banco?
—Me parece
que el fue quien catequizo a nuestro bravo
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brigadier Batalla.
—iPero, Jesus!
—Eso es;
y cuando se le antoje—dijo don Inocencio
[5] sin poder contener la risa—hablara
con Socrates, San
Pablo, Cervantes y Descartes,
como hablo yo ahora con
Librada para pedirle
un fosforito. iPobre Sr. de Rey!
Bien dije yo que aquella
cabeza no estaba buena.
—Por lo demas—continuo
Pinzon,—nuestro brigadier
[10] es un buen militar. Si de algo peca es de
excesivamente
duro. Toma tan
al pie de la letra las ordenes del Gobierno,
que si le contrarian
mucho aqui, sera capaz de no dejar
piedra sobre piedra
en Orbajosa. Si, les prevengo a
ustedes que esten con
cuidado.
[15] —Pero ese monstruo nos va a cortar
la cabeza a todos.
iAy! Sr. D.
Inocencio, estas visitas de la tropa me
recuerdan lo que he
leido en la vida de los martires, cuando se
presentaba un proconsul
romano en un pueblo de cristianos....
[20] —No deja de ser exacta la comparacion—dijo
el[20]
Penitenciario, mirando
al militar por encima de las gafas.
—Es un poco
triste; pero siendo verdad, debe decirse—manifesto
Pinzon con benevolencia.—Ahora,
senores mios,
estan ustedes a merced
de nosotros.


