[5] razon en fuerza, mi honradez en violencia parecida a la de
los asesinos y ladrones; este espectaculo, senora mia, es lo
que me impulsa a no respetar la ley de usted, lo que me
impulsa a pasar sobre ella, atropellandolo todo. Esto que
parece un desatino es una ley ineludible. Hago lo que
[10] hacen las sociedades, cuando una brutalidad tan ilogica
como irritante se opone a su marcha. Pasan por encima y
todo lo destrozan con feroz acometida. Tal soy yo en este
momento: yo mismo no me conozco. Era razonable y soy
un bruto: era respetuoso y soy insolente: era culto y me
[15] encuentro salvaje. Usted me ha traido a este horrible
extremo, irritandome y apartandome del camino del bien
por donde tranquilamente iba. ?De quien es la culpa, mia
o de usted?
—iTuya, tuya!
[20] —Ni usted ni yo lo podemos resolver.
Creo que ambos
carecemos de razon.
En usted violencia e injusticia; en
mi injusticia y violencia.
Hemos venido a ser tan barbaro
el uno como el otro,
y luchamos y nos herimos sin compasion.
Dios lo permite asi.
Mi sangre caera sobre la
[25] conciencia de usted, la de usted caera sobre
la mia.... Basta
ya, senora. No
quiero molestar a usted con palabras
inutiles. Ahora
entraremos en los hechos.
—iEn los
hechos, bien!—dijo dona Perfecta mas bien
rugiendo que hablando.—No
creas que en Orbajosa falta
[30] Guardia civil.
—Adios, senora.
Me retiro de esta casa. Creo que nos
volveremos a ver.
—Vete, vete,
vete ya—grito ella senalando la puerta con
energico ademan.
Pepe Rey salio. Dona Perfecta, despues de pronunciar 143 algunas palabras incoherentes que eran la mas clara expresion de su ira, cayo en un sillon con muestras de cansancio o de ataque nervioso. Acudieron las criadas.
[5] —iQue vayan a llamar al Sr. D.
Inocencio!—grito.—Al
instante... ipronto!...
ique venga!...
Despues mordio el panuelo.
XX
=Rumores.—Temores=
Al dia siguiente de esta disputa
lamentable, corrieron
por toda Orbajosa de casa en casa, de circulo
en circulo,
[10] desde el Casino a la botica, y desde el paseo
de las
Descalzas a la puerta de Baidejos, rumores varios
sobre Pepe Rey
y su conducta. Todo el mundo los repetia,
y los
comentarios iban siendo tantos, que si D. Cayetano
los recogiese y
compilase, formaria con ellos un rico Thesaurum
de la
[15] benevolencia orbajosense. En medio de la
diversidad de
especies que corrian, habia conformidad en algunos
puntos
culminantes, uno de los cuales era el siguiente:
Que el ingeniero, enfurecido
porque dona Perfecta se
negaba a casar a Rosario
con un ateo, habia alzado la
[20] mano a su tia.


