—Eres un
loco. iCasarte tu con mi hija, casarte tu con
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ella, no queriendo yo!...
Los labios tremulos
de la senora articularon estas
palabras con el verdadero
acento de la tragedia.
[5] —iNo queriendo usted!... Ella
opina de distinto
modo.
—iNo queriendo
yo!...—repitio la dama.—Si, y
lo
digo y lo repito:
no quiero, no quiero.
—Ella y yo lo deseamos.
[10] —Menguado, ?acaso no hay en el mundo
mas que ella
y tu? ?No hay padres,
no hay sociedad, no hay conciencia,
no hay Dios?
—Porque hay
sociedad, porque hay conciencia, porque
hay Dios—afirmo
gravemente Rey, levantandose y alzando
[15] el brazo y senalando al cielo,—digo
y repito que me casare
con ella.
—iMiserable,
orgulloso! Y si todo lo atropellaras, ?crees
que no hay leyes para
impedir tu violencia?
—Porque hay leyes digo y repito que me casare con [20] ella.
—Nada respetas.
—Nada que sea indigno de respeto.
—Y mi autoridad,
y mi voluntad, yo... ?yo no soy
nada?
[25] —Para mi su hija de usted es todo: lo demas nada.
La entereza de Pepe
Rey era como los alardes de una
fuerza incontrastable,
con perfecta conciencia de si misma.
Daba golpes secos, contundentes,
sin atenuacion de ningun
genero. Sus palabras
parecian, si es permitida la comparacion,
[30] una artilleria despiadada.
Dona Perfecta cayo de
nuevo en el sofa; pero no lloraba,
y una convulsion nerviosa
agitaba sus miembros.
—De modo que para este ateo infame—exclamo con franca rabia,—no hay conveniencias sociales, no hay nada mas que un capricho. Eso es una avaricia indigna. Mi 140 hija es rica.
—Si piensa
usted herirme con esa arma sutil,
tergiversando la cuestion
e interpretando torcidamente mis
[5] sentimientos, para lastimar mi dignidad, se equivoca,
querida tia.
Llameme usted avaro.
Dios sabe lo que soy.
—No tienes dignidad.
—Esa es una
opinion como otra cualquiera. El mundo
podra tenerla a usted
en olor de infalibilidad. Yo no. Estoy
[10] muy lejos de creer que las sentencias de usted
no tengan
apelacion ante Dios.
—?Pero es cierto
lo que dices?... ?Pero insistes
despues de mi negativa?...
Tu lo atropellas todo, eres
un monstruo, un bandido.
[15] —Soy un hombre.
—iUn miserable!
Acabemos: yo te niego a mi hija,
yo te la niego.
—iPues yo la tomare! No tomo mas que lo que es mio.
—Quitate de mi presencia—exclamo la senora, levantandose [20] de subito.—Fatuo, ?crees que mi hija se acuerda de ti?


