la naturaleza brutal y nada mas; rayas, angulos, pesos y
nada mas. Ves el efecto y no la causa. El que no cree en
Dios no ve causas. Dios es la suprema intencion del
mundo. El que le desconoce, necesariamente ha de juzgar
[25] de todo como juzgas tu, a lo tonto. Por ejemplo, en la
tempestad no ve mas que destruccion, en el incendio
estragos, en la sequia miseria, en los terremotos desolacion, y
sin embargo, orgulloso senorito, en todas esas aparentes
calamidades, hay que buscar la bondad de la intencion...
[30] si senor, la intencion siempre buena de quien no puede
hacer nada malo.
Esta embrollada, sutil
y mistica dialectica no convencio a
Rey; pero no quiso seguir
a su tia por la aspera senda de
tales argumentaciones,
y sencillamente le dijo:
—Bueno; yo respeto las intenciones.... 138
—Ahora que
pareces reconocer tu error—prosiguio la
piadosa senora, cada
vez mas valiente,—te hare otra
confesion, y es que
voy comprendiendo que hice mal en
[5] adoptar tal sistema, aunque mi objeto era inmejorable.
Dado
tu caracter arrebatado,
dada tu incapacidad para
comprenderme, debi abordar
la cuestion de frente y decirte:
“sobrino mio,
no quiero que seas esposo de mi hija.”
—Ese es el
lenguaje que debio emplear usted conmigo
[10] desde el primer dia—repuso el ingeniero,
respirando con
desahogo, como quien
se ve libre de enorme peso.—Agradezco
mucho a usted esas palabras.
Despues de ser acuchillado
en las tinieblas, ese
bofeton a la luz del dia me
complace mucho.
[15] —Pues te repito el bofeton, sobrino—afirmo
la senora
con tanta energia como
displicencia.—Ya lo sabes. No
quiero que te cases
con Rosario.
Pepe callo. Hubo
una larga pausa, durante la cual los
dos estuvieron mirandose
atentamente, cual si la cara de cada
[20] uno fuese para el contrario la mas perfecta obra
del arte.
—?No entiendes
lo que te he dicho?—repitio ella.—Que
se acabo todo, que no
hay boda.
—Permitame
usted, querida tia—dijo el joven con
entereza,—que
no me aterre con la intimacion. En el estado
[25] a que han llegado las cosas, la negativa de usted
es de
escaso valor para mi.
—?Que dices?—grito fulminante dona Perfecta.
—Lo que usted oye. Me casare con Rosario.
Dona Perfecta se levanto
indignada, majestuosa, terrible.
[30] Su actitud era la del anatema hecho mujer.
Rey
permanecio sentado,
sereno, valiente, con el valor pasivo de una
creencia profunda y
de una resolucion inquebrantable. El
desplome de toda la
iracundia de su tia, que le amenazaba,
no le hizo pestanear.
El era asi.


