Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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     —­Pepe, por Dios, mira lo que hablas—­dijo dona Perfecta,
     con marcado tono de severidad.—­Pero dispensele usted,
     Sr.  D. Inocencio... porque el ignora que usted tiene un
     sobrinito, el cual, aunque recien salido de la Universidad,
[10] es un portento en la abogacia.

—­Yo hablo en terminos generales—­manifesto Pepe con firmeza.—­Siendo, como soy, hijo de un abogado ilustre, no puedo desconocer que algunas personas ejercen esta noble profesion con verdadera gloria.

[15] —­No... si mi sobrino es un chiquillo todavia—­dijo
     el canonigo, afectando humildad.—­Muy lejos de mi animo
     afirmar que es un prodigio de saber, como el Sr. de Rey. 
     Con el tiempo ?quien sabe?...  Su talento no es brillante
     ni seductor.  Por supuesto, las ideas de Jacintito son
[20] solidas, su criterio sano; lo que sabe lo sabe a macha
     martillo.  No conoce sofisterias ni palabras huecas....

     Pepe Rey aparecia cada vez mas inquieto.  La idea de
     que, sin quererlo, estaba en contradiccion con las ideas
     de los amigos de su tia, le mortificaba, y resolvio callar por
[25] temor a que el y D. Inocencio concluyeran tirandose los
     platos a la cabeza.  Felizmente, el esquilon de la catedral,
     llamando a los canonigos a la importante tarea del coro, le
     saco de situacion tan penosa.  Levantose el venerable
     varon y se despidio de todos, mostrandose con Pepe tan
[30] lisonjero, tan amable, cual si la amistad mas intima desde
     largo tiempo les uniera.  El canonigo, despues de ofrecerse
     a el para servirle en todo, le prometio presentarle a su
     sobrino, a fin de que le acompanase a ver la poblacion, y le
     dijo las expresiones mas carinosas, dignandose agraciarle al
     salir con una palmadita en el hombro.  Pepe Rey, aceptando 44
     con gozo aquellas formulas de concordia, vio, sin embargo,
     el cielo abierto cuando el sacerdote salio del comedor y de
     la casa.

VIII

=A toda prisa=

[5] Poco despues la escena habia cambiado.  Don Cayetano,
     encontrando descanso a sus sublimes tareas en un dulce
     sueno que de el se amparo, yacia blandamente en un sillon
     del comedor.  Dona Perfecta andaba en la casa tras sus
     quehaceres.  Rosarito, sentandose junto a una de las
[10] vidrieras que a la huerta se abrian, miro a su primo, diciendole
     con la muda oratoria de los ojos: 

—­Primo, sientate aqui junto a mi, y dime todo eso que
tienes que decirme.

     Este, aunque matematico, lo comprendio.

[15] —­Querida prima—­dijo Pepe,—­icuanto te habras aburrido
     hoy con nuestras disputas!  Bien sabe Dios que por
     mi gusto no habria pedanteado como viste; pero el senor
     canonigo tiene la culpa.... ?Sabes que me parece singular
     ese senor sacerdote?...

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