Doña Perfecta eBook

This eBook from the Gutenberg Project consists of approximately 512 pages of information about Doña Perfecta.

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[25] —­Es que de aqui no se ven mas que los arrabales—­afirmo
     con disgusto el guia.—­Cuando entre usted en la
     calle Real y en la del Condestable, vera fabricas tan hermosas
     como la de la catedral.

     —–­No quiero hablar mal de Orbajosa antes de conocerla—­dijo
[30] el caballero.—­Lo que he dicho no es tampoco senal
     de desprecio; que humilde y miserable, lo mismo que
     hermosa y soberbia, esa ciudad sera siempre para mi muy
     querida, no solo por ser patria de mi madre, sino porque en
     ella viven personas a quienes amo ya sin conocerlas.  Entremos, 16
     pues, en la ciudad augusta.

     Subian ya por una calzada proxima a las primeras calles,
     e iban tocando las tapias de las huertas.

[5] —?Ve usted aquella gran casa que esta al fin de esta
     gran huerta por cuyo bardal pasamos ahora?—­dijo el tio
     Licurgo, senalando el enorme paredon revocado de la unica
     vivienda que tenia aspecto de habitabilidad comoda y alegre.

     —­Ya... ?aquella es la vivienda de mi tia?

[10] —­Justo y cabal.  Lo que vemos es la parte trasera de la
     casa.  El frontis da a la calle del Condestable, y tiene cinco
     balcones de hierro que parecen cinco castillos.  Esta hermosa
     huerta que hay tras la tapia es la de la casa, y si usted
     se alza sobre los estribos, la vera toda desde aqui.

[15] —­Pues estamos ya en casa—­dijo el caballero.—?No se
     puede entrar por aqui?

     —­Hay una puertecilla; pero la senora la mando tapiar.

     El caballero se alzo sobre los estribos, y alargando cuanto
     pudo la cabeza, miro por encima de las bardas.

[20] —­Veo la huerta toda—­indico.—­Alli, bajo aquellos arboles,
     esta una mujer, una chiquilla... una senorita....

     —­Es la senorita Rosario—­repuso Licurgo.

     Y al instante se alzo tambien sobre los estribos para
     mirar.

[25] —­iEh! senorita Rosario—­grito, haciendo con la derecha
     mano gestos muy significativos.—­Ya estamos aqui...
     aqui le traigo a su primo.

     —­Nos ha visto—­dijo el caballero, estirando el pescuezo
     hasta el ultimo grado.—­Pero si no me engano, al lado de
[30] ella esta un clerigo... un senor sacerdote.

     —­Es el senor Penitenciario—­repuso con naturalidad el
     labriego.

     —­Mi prima nos ve... deja solo al clerigo, y echa a
     correr hacia la casa...  Es bonita....

—­Como un sol. 17

—­Se ha puesto mas encarnada que una cereza.  Vamos,
vamos, Sr.  Licurgo.

III

=Pepe Rey=

Antes de pasar adelante, conviene decir quien era Pepe [5] Rey y que asuntos le llevaban a Orbajosa.

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