[15] —Ahora traigame usted otro a mi, senora
Librada—dijo
D. Inocencio.—Tambien
tengo un poco de fuego dentro.
XXII.
=iDesperta!=
—Respecto a lo de las
partidas—dijo dona Perfecta
cuando concluyeron de beber,—solo
te digo que hagas lo
que tu conciencia te dicte.
[20] —Yo no entiendo de ditados—grito
Ramos.—Hare lo
que sea del gusto de
la senora.
—Pues yo
no te aconsejare nada en asunto tan grave—repuso
ella con la circunspeccion
y comedimiento que tan
bien le sentaban.—Eso
es muy grave, gravisimo, y yo no
[25] puedo aconsejarte nada.
—Pero el parecer de usted....
—Mi parecer
es que abras los ojos y veas, que abras los
oidos y oigas....
Consulta tu corazon... yo te concedo
que tienes un gran corazon....
Consulta a ese juez, a
[30] ese consejero que tanto sabe, y haz lo que el
te mande.
Caballuco medito, penso
todo lo que puede pensar una 161
espada.
—Los de Naharilla
Alta—dijo Vejarruco,—nos
contamos ayer y eramos
trece, propios para cualquier cosita
[5] mayor.... Pero como temiamos que la senora
se
enfadara, no hicimos
nada. Es tiempo ya de trasquilar.
—No te preocupes
de la trasquila—dijo la senora.—Tiempo
hay. No se dejara
de hacer por eso.
—Mis dos
muchachos—manifesto Licurgo—rineron
ayer
[10] el uno con el otro, porque uno queria irse con
Francisco
Acero y el otro no.
Yo les dije: “Despacio, hijos mios,
que todo se andara.
Esperad, que tan buen pan hacen
aqui como en Francia.”
—Anoche me
dijo Roque Pelosmalos—manifesto el tio
[15] Pasolargo,—que en cuanto el Sr.
Ramos dijera tanto asi,
ya estaban todos con
las armas en la mano. iQue lastima
que los dos hermanos
Burguillos se hayan ido a labrar las
tierras de Lugarnoble!
—Vaya usted a buscarlos—dijo el ama vivamente.—Sr. [20] Lucas, proporcionele usted un caballo al tio Pasolargo.
—Yo, si la senora me lo manda, y el senor Ramos tambien—dijo Frasquito Gonzalez,—ire a Villahorrenda a ver si Robustiano, el guarda de montes y su hermano Pedro quieren tambien....
[25] —Me parece buena idea. Robustiano
no se atreve a
venir a Orbajosa, porque
me debe un piquillo. Puedes
decirle que le perdono
los seis duros y medio.... Esta
pobre gente, que tan
generosamente sabe sacrificarse por
una buena idea, se contenta
con tan poco.... ?No es
[30] verdad, Sr. D. Inocencio?
—Aqui nuestro buen Ramos—repuso el canonigo,—me dice que sus amigos estan descontentos con el por su tibieza; pero que en cuanto le vean determinado se pondran todos la canana al cinto.
—Pero que, ?estas determinado a echarte a la calle?—dijo


