saben todos los que me conocen. Estoy tranquilo y no me
asusta el triunfo de los malvados. Se muy bien que nos
aguardan dias terribles; que cuantos vestimos el habito
sacerdotal tenemos la vida pendiente de un cabello, porque
[20] Espana, no lo duden ustedes, presenciara escenas como
aquellas de la revolucion francesa, en que perecieron miles
de sacerdotes piadosisimos en un mismo dia.... Mas no
me apuro. Cuando toquen a degollar presentare mi cuello;
ya he vivido bastante. ?Para que sirvo yo? Para nada,
[25] para nada.
—Comido de
perros me vea yo—exclamo Vejarruco,
mostrando el puno, no
menos duro y fuerte que un martillo,—si
no acabamos pronto con
toda esa canalla ladrona.
—Dicen que la semana que viene comienza el derribo [30] de la catedral—indico Frasquito.
—Supongo que la derribaran con picos y martillos—dijo el canonigo sonriendo.—Hay artifices que no tienen esas herramientas, y sin embargo adelantan mas edificando. Bien saben ustedes que, segun tradicion piadosa, nuestra hermosa capilla del Sagrario fue derribada por los moros en 164 un mes y reedificada en seguida por los angeles en una sola noche.... Dejarles, dejarles que derriben.
—En Madrid,
segun nos conto la otra noche el cura de
[5] Naharilla—dijo Vejarruco,—ya
quedan tan pocas iglesias,
que algunos curas dicen
misa en medio de la calle, y como
les aporrean y les dicen
injurias y tambien les escupen,
muchos no la quieren
decir.
—Felizmente
aqui, hijos mios—manifesto D. Inocencio,—no
[10] hemos tenido aun escenas de esa naturaleza. ?Por
que? Porque saben
que clase de gente sois; porque tienen
noticia de vuestra piedad
ardiente y de vuestro valor....
No les arriendo la ganancia
a los primeros que pongan la
mano en nuestros sacerdotes
y en nuestro culto.... Por
[15] supuesto, dicho se esta que si no se les ataja
a tiempo,
haran diabluras. iPobre
Espana, tan santa y tan humilde
y tan buena! iQuien
habia de decir que llegarian a estos
apurados extremos!...
Pero yo sostengo que la
impiedad no triunfara,
no senor. Todavia hay gente valerosa,
[20] todavia hay gente de aquella de antano, ?no es
verdad, Sr.
Ramos?
—Todavia la hay, si senor—repuso este.
—Yo tengo
una fe ciega en el triunfo de la ley de Dios.
Alguno ha de salir en
defensa de ella. Si no son unos,
[25] seran otros. La palma de la victoria, y
con ella la gloria
eterna, alguien se la
ha de llevar. Los malvados pereceran,
si no hoy manana.
Aquel que va contra la ley de Dios
caera, no hay remedio.
Sea de esta manera, sea de la otra,
ello es que ha de caer.
No le salvan ni sus argucias, ni
[30] sus escondites, ni sus artimanas. La mano


