Huck se despierta y oye ruidos retumbantes. Se trata de un ferry con toda la gente de la ciudad, buscando su cadáver. Ellos pasan cerca a él, pero no lo ven.
Pasa el siguiente par de días en la isla. A él le gusta el lugar, pero a veces se siente solitario. Pesca, caza, y recoge frutas y bayas. Se encuentra con una fogata que aún humea y se pone nervioso, por lo que se esconde en un árbol. El deja la orilla de Missouri y rema hasta la costa de Illinois. Se siente mejor allá, hasta que escucha más ruidos y la voz de un hombre. Huck la abandona y regresa a su antiguo lugar. Explora alrededor y encuentra una fogata y ve a un hombre que yacía junto a ella. Cuando el hombre se levanta, Huck ve que es Jim, el esclavo de la Srta. Watson. Jim piensa que está viendo a un fantasma, pero Huck le asegura que él no está muerto. Ellos preparan el desayuno y charlan.
Jim le dice a Huck que la Srta. Watson iba a venderlo, y por eso huyó. Él le cuenta a Huck todo acerca de su fuga y cómo él se enteró de que Huck estaba muerto. Ellos hablan de supersticiones y señales. Jim está seguro de que un día él será rico de nuevo porque tiene brazos velludos. Jim dice que él ya se siente rico porque es dueño de sí mismo, ahora que es libre.
"'Sí, ya soy rico ahora, si lo piensa uno bien. Soy dueño de mí mismo y valgo ochocientos dólares. Ojala tuviera el dinero; ya no querría más'". Capítulo 8, pág. 52
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