Resentimiento 1: La gente se resintió por los esfuerzos de Sócrates cuando trató de mostrarles que estaban sobreestimando su sabiduría. Sin embargo, Sócrates consideró que era su deber divino mostrar a la gente que pensaban que eran sabios, pero que no eran sabios, que no lo eran.
Resentimiento 2: Los análisis de Sócrates para tratar de encontrar el sentido oculto de lo que dijo el oráculo propiciaron que muchas personas le tuvieran aversión y resentimiento. Sócrates no creía que él fuera la persona más sabia, pero sabía que el oráculo no podía estar mintiendo y, por lo tanto, se dispuso a encontrar el significado oculto en las palabras del oráculo examinando la sabiduría de las personas. Sin embargo sus conclusiones de que las personas no eran tan sabias como alegaban ser ofendieron a mucha gente.
Resentimiento 3: Sócrates es consciente de que mucha gente votará en su contra por la ira y el resentimiento resultantes de ideas preconcebidas. Sin embargo, no consideraba que hubiera hecho nada incorrecto y pensaba que si nadie estuviera enojado o resentido con él, se darían cuenta de que estaba siendo tratado injustamente.
Resentimiento 4: Sócrates se da cuenta de que algunas personas pueden votar enojadas porque no intentó provocar compasión llevando a sus hijos hasta el estrado, al igual que otros a menudo hacían cuando estaban siendo enjuiciados. Sin embargo, piensa que valerse de su ingenio o de la compasión para evitar la pena de muerte es injusto y por lo tanto nunca hará semejante cosa.
Resentimiento 5: Al igual que las personas en Atenas estaban resentidas con él y no le toleraban, la gente en otras ciudades reaccionaría en igual manera y por lo tanto no tiene sentido mudarse a otra ciudad. En respuesta a una sugerencia implícita de que deje de filosofar, Sócrates dijo que era su deber divino filosofar y nunca dejaría de hacerlo.
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